La ciencia de yoga: la comprensión reduccionista del yoga

Para re-comprender el yoga es importante poner en claro que no solo se trata de un trabajo físico, sino que va mucho más allá; es necesario que recordemos que el yoga es la promesa de la unión y el equilibrio personal que tiene lugar en el momento en el que el alma que habita nuestro cuerpo se encuentra con su verdadera motivación: con el supremo trascendental.



Después de los años 70´s tuvo lugar en el mundo occidental un movimiento promotor de la salud física que alcanzó su clímax en lo que conocemos como gimnasios. Era natural que, con el auge de los automóviles y de la comida rápida, la salud física del hombre comenzará a verse deteriorada; fue entonces que se hizo necesaria la herramienta del deporte como forma de subsanar los daños que la falta de movilidad y la comida poco saludable estaban causando en la población. Poco a poco, este movimiento fue acogiendo una de las partes del yoga: las asanas, posturas, hasta desnaturalizarlas. Sin embargo, el verdadero enfoque del yoga es diferente y la nueva forma de práctica que surgió fragmenta y aísla la verdadera esencia de la práctica. 

Efectivamente, el yoga busca solventar los problemas de salud del ser humano, prepararlo para disfrutar de una vida plena y en equilibrio. Pero esto no se puede lograr si se desconoce la verdadera naturaleza del objeto de trabajo del yoga: el hombre. El hombre está compuesto por tres cuerpos: el cuerpo sutil (ego, inteligencia y mente), el cuerpo físico y el alma espiritual. Los enfoques actuales del yoga mutilan esta concepción y presentan al ser humano como si solo fuese un cuerpo físico que necesita ser lubricado a través del ejercicio. Hacer esto es como mantener en perfecto estado el motor de un automóvil sin nunca dar giro a la llave del encendido, lo que terminará pasando es que ese automóvil —por una o por otra— resulte atrofiado. Así como el motor del automóvil debe recibir la chispa del encendido para poder funcionar, el ser humano también debe mantener lubricados y en forma su cuerpo sutil y su alma espiritual. Solo una adecuada armonía de esos tres componentes, de lo que somos, es que se puede lograr la verdadera salud.

De acuerdo con lo anterior, se debe comprender al yoga no como un deporte, ni como un simple ejercicio físico, sino como una filosofía de vida y una ciencia del equilibrio personal. 

La etimología de la palabra ciencia ha sido rastreada hasta la raíz proto-indoeuropea skey que significa distinguir o diseccionar; de acuerdo con esto, la ciencia es una forma de análisis que se fundamenta en la distinción de los diferentes componentes de un criterio de estudio. Sin embargo, la disección del análisis se hace solo para facilitar la comprensión, porque solo cuando se comprenden las partes es que se puede llegar al verdadero conocimiento de lo que representa el todo y la forma en la que este funciona. El yoga es entonces la ciencia que reconoce las funciones de las diferentes partes que componen al ser humano, para descubrir la forma en la que estas se pueden poner a trabajar en equilibrio y armonía. 

En este sentido, el yoga puede definirse como la ciencia que discierne las partes y busca el equilibrio de las mismas en la persona. Trabaja la salud y el control del cuerpo físico a través de las asanas o posturas; el cuerpo sutil lo trabaja a través de la meditación y de la respiración adecuada y, por último, trabaja el equilibrio del alma espiritual a través de la conexión que se tiene con dios y con lo otro: el mundo que nos rodea y nuestros congéneres. Abordar el yoga solamente desde la perspectiva del cuerpo físico es como enfocarse en lubricar y mantener en buen estado solo uno de los varios engranajes que componen la estructura de un reloj, lo único que se puede obtener de ello es que el mal funcionamiento de los demás engranajes continúe deteriorando el engranaje que nos empeñamos en mantener saludable y, por otro lado, que nuestro reloj nunca funcione adecuadamente. 

Para ser relojero se debe tener claridad con respecto al objetivo, al funcionamiento y a las partes que componen un reloj. De la misma manera, para mantener la salud de los seres humanos se debe tener claridad con respecto al objetivo, al funcionamiento y a las partes que componen al ser humano, pero, sobre todo— debe tenerse claro qué es, en sí mismo, el ser humano.


La ciencia del yoga define al ser humano, esencialmente, como un alma espiritual que está habitando temporalmente un cuerpo sutil y un cuerpo físico.

En este sentido, el trabajo primordial del yoga es llevar a esa alma espiritual hacia su objetivo: la unión con Dios. Esto se logra a través del servicio con amor; es decir, se logra cuando actuamos a partir del amor desinteresado para y con los otros, siendo muy conscientes de que ese amor lo damos a los otros ofreciéndolo a Dios, al supremo universal. Un hombre que mantenga en buen estado su cuerpo físico a través de las asanas, o del ejercicio, y su cuerpo mental, a través de la meditación, sin alcanzar la unidad espiritual con Dios; es como un bote en muy buen estado que navega sobre aguas pacíficas sin ninguna dirección, lo más seguro es que los tripulantes terminen por abandonar el bote y, finalmente, que este se hunda. Pero cuando tenemos un objetivo, servirle a los otros encontrando en ello un servicio amoroso por Dios, el barco bajo sus buenas condiciones físicas, más los conocimientos de náutica de los tripulantes y con un propósito en su viaje podrá llegar a su destino de manera íntegra. 

Así mismo cuando conocemos las cualidades de los tres cuerpos y trabajamos en cada uno de ellos, de manera que funciones paralelamente, podremos decir que hemos alcanzado un alto grado de conocimiento espiritual, sobre todo en comprender que somos almas Jivas que estamos eternamente conectadas a Dios. 

¿Por qué se nos hace tan difícil hoy comprender el Yoga como una ciencia?

Ineludiblemente cuando un conocimiento tan milenario es retomado por otra cultura, a saber, la occidental, lo que se conserva suele ser superficial, pues comprender practicas tan antigua es un trabajo que requiere de mucho tiempo. Además de tiempo, de toda una disposición de la mente y el corazón, por eso se hace tan necesario la guía de un maestro que nos instruya en esta disciplina del Yoga, de otra forma lo que haríamos es fragmentar la ciencia, tomar solo algunas partes y adaptarlas a nuestro contexto. Disponer de tiempo y paciencia han sido unas cualidades que escasean, especialmente, en esta sociedad contemporánea. 

El mundo actual hace que nuestras características más trascendentales pierdan su valor.

¿A qué se debe esto?

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, ha hablado constantemente de nuestra sociedad, la ha nombrado entre muchas otras como una sociedad del espectáculo, y mucha razón hay en ello. Esta sociedad atravesada y construida por las tecnologías, por las redes sociales, por las pantallas e imágenes nos ha llevado a una sobreexplotación de la vista, de lo material, de lo superficial y de la exposición a un otro. Todo esto llevando a un olvido de nosotros mismo en sus características más trascendentales, como comprendernos en nuestro cuerpo espiritual. Nos dejamos deslumbrar por todo aquello que se hace superficial, la televisión y las ocupaciones del día a día. De esta manera olvidamos lo que somos y, al mismo tiempo, nos comenzamos a olvidar del mundo que nos rodea: ya no salimos a caminar por el bosque, sino que nos contentamos con ver cómo algún actor famoso camina por el bosque en la pantalla chica. Lo mismo ha sucedido con la ciencia del yoga, el mundo actual ha hecho que olvidemos lo que verdaderamente significa, ha reducido el profundo concepto del yoga a su conveniencia y nos ha dejado con la pobre idea de que el yoga no es más que un simple ejercicio físico.


El yoga no es análogo a la gimnasia o a la educación física.



Hablar del Yoga es hablar de una relación y toda relación implica un otro, es por ello que resulta complejo comprender el yoga, pues superficialmente se entiende solo como una serie de ejercicios que nos ayudan a desplegar el cuerpo y sentirnos bien, pero ¿qué hay más allá de eso? ¿acaso no sería muy limitado pensar en que solo somos un cuerpo? Y si es así, entonces ¿cuál es la relación que propone el Yoga?

Para re-comprender el yoga es importante poner en claro que no solo se trata de un trabajo físico, sino que va mucho más allá; es necesario que recordemos que el yoga es la promesa de la unión y el equilibrio personal que tiene lugar en el momento en el que el alma que habita nuestro cuerpo se encuentra con su verdadera motivación: con el supremo trascendental.

En este sentido, es menester que reivindiquemos la idea que se tiene de esta práctica para que toda la humanidad pueda volver a tener conocimiento de la posibilidad de liberación que esta antigua ciencia de la sanación completa y trascendental nos ofrece. Es posible que en el yoga los seres humanos puedan encontrar lo que tanto han buscado en pastillas psiquiátricas, en refugios para la tristeza que son dañinos tanto para su cuerpo como para su alma (como el alcohol o las drogas) e incluso en las diversas terapias psicológicas que se ofrecen para el cansado ser humano de los tiempos posmodernos. Sin embargo, este tipo de aflicciones son mínimas cuando aludimos al verdadero camino de la liberación que podemos emprender por medio de la ciencia del yoga.


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